A borrar la estigma

Por: Lizette Gratacós Wys

Soplan aires de libertad y María se asoma al balcón. Ramas y hojas bailan al son de la brisa. Verde. Después de casi un siglo la marihuana se reivindica. En los últimos años ha salido información que pocos conocían. Algunos se han atrevido a hablar y otros han estado dispuestos a escuchar. Poco a poco se le devuelve la reputación que sostuvo durante casi toda la existencia de la humanidad.

Cuando el Congreso de los Estados Unidos criminalizó el cannabis en 1937 bajo el nombre de marihuana, ni la Asociación Médica ni los miles de agricultores que la cultivaban, sabían que marihuana era lo mismo que cannabis. Al no reconocer el nombre no la pudieron defender y la ley se aprobó de golpe y porrazo. Para entonces a pesar de previas leyes restrictivas, el cannabis era ingrediente de muchas medicinas, también se usaba para la fabricación de textiles y para distintos tipos de papel. La primera bandera americana se hizo con tela de cáñamo, las biblias se imprimían en papel de cáñamo, así mismo la Constitución de los Estados Unidos fue escrita en cáñamo.

La urgencia por sacarla del mercado la impuso la corporación Dupont. Su nueva división petroquímica acababa de desarrollar productos sintéticos –plástico, celofán, metanol, nylon—, que competían en el mercado con el ya establecido cannabis. Por otra parte, la corporación de publicaciones Hearst había adquirido bosques maderables. El papel debía hacerse de árboles, no de cáñamo. Las dos poderosas empresas conspiraron. El mayor inversionista de Dupont se convirtió en Secretario de Estado y nombró a su sobrino director de la Agencia Federal de Narcóticos y Drogas Peligrosas. A su vez, la prensa amarilla de las publicaciones Hearst sembró el terror en sus páginas y manipuló la opinión pública.

A principios del siglo XX se incluyó el cannabis en la Convención Internacional del Opio por sus efectos psicotrópicos. Para 1930 Estados Unidos creó la Agencia Federal de Narcóticos. El terreno estaba fértil y en 1937 vino el golpe de gracia. El cannabis fue declarado altamente peligroso con penas de cárcel. La propaganda fue brutal. Los titulares la demonizaron: “Marihuana: asesina de la juventud”, “La Yerba del Diablo”, “El pitillo de la locura”. Se le acusó de todos los males espirituales y sociales desde accidentes de tráfico, asesinatos hasta infidelidades matrimoniales. “Las mujeres se vuelven locas con la marihuana y acaban acostándose con los inmigrantes mexicanos”, declaraban los medios. La palabra marihuana, utilizada por los mexicanos para referirse al cannabis, fue cuidadosamente escogida para teñirla de desconfianza racista.

El estigma perdura, pero la brisa liberadora pasa a través de los barrotes de hierro de mi balcón y envuelve el tallo fino de la plantita. Baila. En Cataluña existen cientos de asociaciones de cannabis; cada vez más estados de los Estados Unidos descriminalizan su uso medicinal; el Presidente Mujica la legalizó en Uruguay; en las Naciones Unidas se han formado varios comités con el fin de estudiar sus beneficios y la viabilidad de legalización. Sin embargo, la maquinaria millonaria de la guerra contra las drogas, que se ensambló durante todas estas décadas no está dispuesta a desaparecer del panorama. Esta guerra creó miles de empleos desde fiscales, detectives, funcionarios de aduana, policías, redes de instituciones carcelarias y su contraparte, la otra cara de la misma moneda: el narcotráfico— una industria gigante, millonaria y peligrosa.

*El pie, al pie de la segunda foto, es mi pie.
*El pie, al pie de la segunda foto, es mi pie.

Estudios médicos recientes informan acerca de los beneficios de los cannabinoides. Se ha encontrado que tienen propiedades contra el cáncer, alivian los efectos de la quimioterapia, mitigan algunos tipos de epilepsia, hacen desaparecer la ansiedad y… otros milagros. Estudios financieros señalan que el dinero que se gasta en cada prisionero encarcelado por posesión de marihuana, podría ser utilizado en educación o salud pública. Y ya que el gobierno tiene que meter la mano donde sea que haya una transacción, se podría sumar al erario el dinero recolectado por su gravamen. Más importante aún, se establecerían controles de calidad.

Pero el lagarto coletea con más fuerza cuando sabe que va a morir y el contragolpe es violento. En Puerto Rico y en Estados Unidos, jóvenes sin antecedentes criminales continúan siendo arrestados por la posesión de un pitillo— las sentencias son de hasta seis años de cárcel. En España han subido el precio de las multas e incrementado las sentencias. En los países asiáticos se dicta cadena perpetua y pena de muerte – te matan para que no te hagas daño tú mismo. Mientras tanto el alcohol, el tabaco y las patatas fritas son legales. Me pregunto, ¿si en vez del cannabis, el tomate hubiese sido una amenaza para estas poderosas corporaciones, existiría la pena de cárcel por traficar con licopeno?

María se nos presenta en todo su espectro, desde María Magdalena hasta Santa María. Y mientras baila en el balcón, crece, sus ramas estiran, el tallo alarga y florece. Baila al son de la brisa, despreocupada, después de todo, cuando los templos griegos eran nuevos, ya llevaba mucho tiempo sirviendo a la humanidad.

 

#NoIVA para botarlo en una guerra sin sentido. Sácala de la cárcel y desarrolla su cultivo.

Posted by Descriminalización.org on Viernes, 6 de marzo de 2015

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