El ausentismo policiaco y la necesidad de darle la vuelta a la tortilla

Miles de policías han decidido ausentarse de sus puestos de trabajo en una muestra de reproche contra el gobierno que le ha cortado el pago por días de enfermedad y se ha retrasado en pagarle las horas extras. El ausentismo de las “fuerzas del orden” se ha salido de proporciones, a tal punto que el gobierno de Puerto Rico en pleno periodo navideño considera activar a la Guardia Nacional para realizar algunas de las labores policiacas.

Aunque podemos entender que son reclamos justos, el que miles de policías se ausenten de sus puestos de trabajo y el que decenas de cuarteles no pudieran operar, también demuestra una falta de compromiso con el pueblo y lo acéfala que se encuentra la administración y la alta jerarquía de la policía. Esto a pesar que opera bajo el teatro de una sindicatura federal por ser acusada de trabajar con impunidad, al margen de la ley y estar considerada de las más grandes y corruptas en jurisdicción estadounidense.

Pareciera que la crisis económica que atraviesa el gobierno de Puerto Rico no puede controlar su “representación de poder” y la situación ha comenzado a salirse de las manos. Para cumplir con estos menesteres, las uniones y otros representantes de los policías han sabido comprar medios de prensa, redes sociales y ganarse la opinión pública a su favor.

La estrategia del ausentismo policiaco no se limita al gobierno de Ricardo Rosselló. En pasadas administraciones cuando la policía sabía que no se le iba a pagar los días por enfermedad surgían el fenómeno del “enfermito”, esta vez lo llaman el “blue flu” pero no es muy distinto. Es la táctica que ha preferido usar los policías contra el gobierno y el pueblo ignorando su propio reglamento que impide irse de brazos caídos.

Sin embargo, no podemos obviar que la policía de Puerto Rico en su afán de proteger los grandes intereses y el poder del estado ha servido para reprimir manifestaciones pacíficas que exigen derechos tan loables como los que estos reclaman. Incluso, en ocasiones, reprimiendo a comunidades por el mero hecho de proteger el medio ambiente o los recortes en el sistema público.

Asimismo, también han sabido salvaguardar la “guerra contra las drogas” para justificar su existencia o la supuesta necesidad de “ley y orden” del estado.

No obstante, el ausentismo de miles de policías nos deja con muchísimos cuestionamientos sobre la necesidad de personal, lo errada de las estrategias, y cómo es posible que uno de los territorio con más policías en jurisdicción federal no tiene manera de controlar la alta incidencia criminal. Peor aún, tampoco cuenta con una administración que pueda controlar las “fuerzas de seguridad”.

La realidad es que seguimos derrochando el erario público para seguir militarizando a unas “fuerzas del orden” gigantescas y realmente no se percibe un cambio. Entonces, por qué no darle “la vuelta la tortilla” y hacer las cosas de manera diferente.

El gobierno de Puerto Rico debe eliminar el derroche de dinero en fuerzas de orden público con sus enfoques punitivos y reinvertirlos en otras agencias que sirvan para la prevención en el uso de las drogas y disminuir la brecha económica de la sociedad puertorriqueña. Debemos “darle la vuelta a la tortilla” y re-enfocarlos en servicios de reducción de daños, la ampliación de servicios comunitarios, integración a la sociedad, tratamiento basado en evidencia y mayor atención a las poblaciones vulnerables, entre otras alternativas salubristas.

El ausentismo policiaco quizás es una buena oportunidad para percibir lo innecesaria que puede convertirse las “fuerzas de seguridad” para resolver algunos problemas de seguridad pública. El “blue flu” puede ser la oportunidad para buscar alternativas minimizando lo excesiva de las fuerzas policiacas en nuestras comunidades. Desde buscar alternativas para la presentación de querellas, la necesidad de un policía en un semáforo o hasta cómo mejorar la comunicación entre los vecinos.

En cuanto al uso de sustancias controladas, tenemos que reconocer que el exceso de policías y el encarcelamiento de los usuarios no ha contribuido a reducir el uso problemático de drogas y a mejorar la seguridad pública. Por el contrario, el temor a la detención impide que se busque acceso a servicios de salud y a un tratamiento adecuado.

Además, el encarcelamiento y el yugo ocasionado por poseer antecedentes penales reducen las posibilidades de empleo, lo que perpetúa un círculo vicioso de pobreza, vinculación a mercados de drogas y ocasiona una mayor exclusión social.

De seguro cuando le demos vuelta a la tortilla y surjan alternativas no punitivas que respeten los derechos humanos, la evidencia científica y las libertades civiles de todos, quizás nos daremos cuenta lo innecesaria que puede convertirse la policía para resolver los asuntos de seguridad.

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