Fernando Savater: un ideólogo en contra del prohibicionismo

Por más de treinta años el filósofo y escritor español, Fernando Savater, se ha expresado a favor de la descriminalización y legalización de las drogas. Y el próximo viernes, 19 de septiembre, a las 10:00 a.m. tendrá una conferencia en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico. Por tal razón, le presentamos un fragmento del escrito: “Tesis sociopolíticas sobre las drogas”[1] donde desde los años ochenta vaticinaba los problemas de la prohibición de las drogas y su inminente debacle actual.

Conferencia,19 de sept, a las 10:00 a.m. Teatro de la UPR.

Las siguientes tesis pretenden servir para orientar el necesario debate institucional sobre el llamado «problema de las drogas». Actualmente sólo vemos prosperar la histeria punitiva, la demonización de productos químicos y personas, la desinformación patológica y la descarada fabulación pseudocientífica.

Las tesis que proponemos aquí y el llamamiento final no se refieren más que a los aspectos sociopolíticos del asunto, entre los que se incluyen los que por lo general suelen llamarse con impropiedad «éticos» simplemente por algún residuo de creencia religiosa. Es decir, que no se habla de lo realmente importante en la cuestión de las drogas: sus posibilidades como fuente de placer o derivativo del dolor, como estimuladoras de la creatividad, como potenciadoras de la introspección y del conocimiento, en una palabra, de sus aspectos auxiliares válidos para la vida humana, en cuyo concepto han sido consumidas durante milenios, son consumidas y lo seguirán siendo.

Primera tesis: Todas las sociedades han conocido el uso de drogas, las han utilizado abundante y destacadamente, las han adorado y temido,… La historia de las drogas es tan larga como la de la humanidad y paralela a ella. Lo específico de tener conciencia es querer experimentar con la conciencia.

Segunda tesis: La sociedad contemporánea está basada en la potenciación del individuo, en la realización compleja y plural de su libertad. La libertad de opción política o sexual,…, son las bases de la democracia moderna. El derecho jurídico de habeas corpus hay que extenderlo a todos los aspectos de la libre disposición por el individuo de su cuerpo,…, de su búsqueda de placer o conocimiento, de su experimentación consigo mismo, incluso de su propia destrucción.

Tercera tesis: Prohibir la droga en una sociedad democrática es algo tan injusto como prohibir la pornografía, la heterodoxia política, los gustos dietéticos. Según parece, se da por hecho que vivimos en Estado Clínico, es decir, que el Estado tiene derecho irrestricto a determinar lo mejor para nuestra salud, mientras que ha perdido el que antes tuvo para marcarnos la pauta en lo político o lo religioso.

Cuarta tesis: El problema de la droga es el problema de la persecución de las drogas. El uso de drogas no es sencilla y expeditivamente un peligro a erradicar, sino que es también y principalmente un derecho a defender.

Quinta tesis: La persecución contra la droga es una derivación de la persecución religiosa: hoy la salud física es el sustitutivo laico de la salvación espiritual. Hay gente que ha muerto, muere y morirá por causa de las drogas: pero recordemos: a) que la vida que pierden es suya, no del Estado, y b) que su muerte puede deberse no a la sustancia misma que desea tomar, sino a la adulteración de ésta, la falta de información, etc.

Sexta tesis: Los drogadictos que quieren abandonar su manía (todos tenemos nuestras manías, hasta que las sentimos como tóxicas y queremos dejarlas) tienen obviamente derecho a ser ayudados por la sociedad a ello, tal como el que desea divorciarse o modificar su sexo.

Séptima tesis: A veces se hace equivaler la despenalización de las drogas a legalizar el crimen o la violación. Evidentemente nada puede ser más distinto, pues estos delitos tienen como primer objetivo el daño a otro en beneficio propio, mientras que ninguna droga es en sí misma un mal, sino que puede llegar a serlo por las circunstancias de su uso.

Octava tesis: El daño a la salud pública es el principal argumento actual contra las drogas, detallándose los muertos por sobredosis, gastos a la hacienda estatal, etc. Primero, porque la mayoría de las drogas no matan a nadie y muchas suprimen muchísimos más dolores de los que causan. Segundo, porque las que matan, matan mucho más por la adulteración o las circunstancias clandestinas de su empleo que por la nocividad del producto en sí mismo. Si tanto preocupase a los gobiernos las muertes y sufrimientos provocados por las drogas, se apresurarían a despenalizarlas.

Novena tesis: Otro argumento contra las drogas y a favor de su persecución legal es su incidencia entre los jóvenes. La mítica droga permite hablar de ella como la causa de los males juveniles, cuando en realidad no se trata más que del efecto de un determinada situación social. En último término, la obvia necesidad de proteger a la infancia y la adolescencia de maniobras desaprensivas nunca justificará la maniobra desaprensiva de tratar a toda la población como si fuese una guardería infantil.

Décima tesis: La Droga, se asegura, es causante de la degradación moral de la población. La postura de una ética autónoma ante el tema de las drogas no puede ser más que la expuesta así por Matzneff: «El haschisch, el amor y el vino pueden dar lugar a lo mejor o a lo peor. Todo depende del uso que hagamos de ellos. De modo que no es la abstinencia lo que debemos enseñar, sino el autodominio».

Llamamiento final.— Nuestra cultura, como todas las demás, conoce, utiliza y busca drogas. Es la educación, la inquietud y el proyecto vital de cada individuo el que puede decidir cuál droga usar y cómo hacerlo. El papel del Estado no puede ser sino informar lo más completa y razonadamente posible sobre cada uno de los productos, controlar su elaboración y su calidad, y ayudar a quienes lo deseen o se vean damnificados por esta libertad social. Naturalmente, dada la situación de frenesí policial y persecutorio contra las drogas, será necesaria una etapa de reacomodo hasta la situación final de normalidad despenalizada. Como no cabe duda de que más tarde o más temprano habrá que llegar a ello, lo mejor será comenzar cuanto antes, a lo cual ha querido contribuir la proposición de estas tesis.

[1] F. Savater, Tesis sociopolíticas sobre las drogas, en F. Savater, Ética como amor propio, Madrid, Mondadori España, 1989, págs. 287-294