Guillermo Somoza: ¿alguien esperaba algo distinto?

Por supuesto que era de esperarse que los tribunales de Puerto Rico no iban a procesar a un exsecretario del Departamento de justicia por estar regateando y guiando de manera negligente con un menor de edad dentro del vehículo.

Muy probable, los guardias de la División de Patrullas y Carreteras de Carolina que tuvieron la osadía de detener a unos “carros lujosos” no reconocieron los excesos de poder de un Guillermo Somoza, ahora sin bigote y alejado de la política.

Sin embargo, los contrastes de la justicia puertorriqueña dejan mucho que desear, ese mismo día una mujer con un uso problemático a sustancias controladas entregaba a su hija a cambio de dinero para conseguir la “cura”. Por supuesto, para nada tratamos de justificar el acto. Pero si tenemos que denunciar lo rápido que se pretendía hacer todo un espectáculo mediático al acusarla de “trata humana” cuando, al fin y al cabo, se trata de una persona que no está en sus cabales y que necesitaba ayuda.

Un juez del Tribunal de Primera Instancia de San Juan le impuso una fianza total de 200 mil dólares, la cual la detenida no pudo prestar.

Repetimos para nada se justifica el acto de maltrato y el riesgo que puede estar corriendo un menor de edad o un infante. Pero las cortes de Puerto Rico te dejan con el sinsabor que siempre pagan los mismos, los pobres, negros, personas de residenciales públicos y con menos recursos económicos corren con la peor suerte. De seguro, un hombre heterosexual, rubio, de ojos claros, embriagado de poder, y en Porsche tendrá un trato judicial bien distinto a cualquier muchacho que quiera estar jugando a las “carreritas” en un Toyota por las calles de Carolina.

Para esos muchachos de Carolina que se ponen “negligentes” en carros baratos los que le espera es una pena de multa fija de $5,000.00 dólares y se le suspenderá la licencia de conducir por un termino de seis meses.

Mientras nos preguntamos qué suerte correrán aquellas madres cuando sus condiciones de salud no suelen resolverse ni tratarse en las cárceles del país.