‘Intercambios Puerto Rico’ en discusiones sobre políticas de drogas en la ONU

Mensaje de Intercambios Puerto Rico en la  Asamblea General de las Naciones Unidas en una sesión especial (UNGASS) sobre drogas celebrada el 19-21 de abril en la Ciudad de New York. En estas reuniones se establece los objetivos para la “Declaración Política y Plan de Acción sobre cooperación internacional en favor de una estrategia integral y equilibrada para contrarrestar el ‘problema’ mundial de las drogas” que define las estrategias que los estados miembros de la ONU deben tomar, así como los objetivos marcados para el año 2019.

Conferencia: “New Challenges” / Mensaje de Intercambios Puerto Rico, Rafael A. Torruella

En Puerto Rico – colonia estadounidense desde 1898 – llevamos batallando una guerra contra los y las usuarias de drogas desde hace más de 60 años. Nos hemos encargado de criminalizar, encarcelar, estigmatizar y marginalizar a todo aquel que use o esté vinculado con el mundo de las drogas. Sin temor a confundirme – pues la ciencia y la política pública lo confirman – puedo decir que las políticas de drogas vigentes nos han traído un legado de violencia y muertes, insalubridad individual y colectiva y el arrebato de derechos civiles y humanos. En Puerto Rico cerca del 50% de las personas que viven con VIH adquirieron el virus a través de jeringuillas previamente infectadas y más del 85% de los usuarios de drogas inyectables arrojan positivo a la prueba de Hepatitis-C. Los niveles de homicidio de 26.5/100,000 habitantes (2011) son más altos que los de México y la taza de encarcelación es de 311 por 100,000 habitantes.

Por otro lado, el aumento reciente en el uso de drogas inyectables en República Dominicana está directamente relacionado a la deportación de usuarios de drogas inyectables desde los Estados Unidos sin consideración alguna de las consecuencias negativas que esto tiene en términos de salud y desarrollo para ese país.

Menciono esto hoy, pues el Caribe es una de las rutas de tránsito de drogas más grandes del mundo, ya que quienes consumen la mayor cantidad de drogas están en el norte global (precisamente en nuestras antiguas o actuales metrópolis coloniales). En el Caribe ya estamos cansados de vivir a diario las futiles incautaciones de drogas medidas en toneladas, el llamado ‘desarrollo’ medido en helicópteros, botes, automóviles y armas para las fuerzas policiacas represivas y las cortes de drogas que no se basan en la evidencia científica sino el moralismo paternalista (mostrar reporte).

Desde una perspectiva caribeña, para salir de este legado de enfermedad, violencia y marginalización social necesitamos medidores basados en salud, paz, desarrollo y derechos humanos.

Necesitamos pasar de medir cantidad de drogas incautadas a medir la salud en reducción de la incidencia y prevalencia del VIH y otras enfermedades transmisibles, acceso y frecuencia de uso de material seguro de inyección y para uso de cocaínas fumables, y el acceso a tratamiento basado en evidencia científica. Necesitamos construir sistemas de cuidado de salud integrados en lugar de cárceles.

Necesitamos pasar de medir cantidad de hectáreas de cultivos considerados ilícitos, eliminados en el sur y en el Caribe a medir la pobreza, inequidad social, y acceso a la salud en estas áreas y enfocar en su verdadero desarrollo sostenible y de paz.

Necesitamos dejar atrás las inversiones millonarias en unas políticas no evaluadas que continúan dejando pobreza comunitaria y pasar a medir e invertir en los derechos humanos donde NO exista la detención preventiva para usuarios de drogas – ni la pena de muerte – y donde NO se criminalice el uso personal y SI se invierta en servicios de reducción de daños y otros enfocados a través de un análisis de raza, clase y género.

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