La guerra contra las drogas retrasa los avances en la ciencia

El alcoholismo es una condición continua -el 90 por ciento de los pacientes sufren una recaída en tres años. Pero el Dr. Ben Sessa cree que ha identificado una sustancia que podría ayudar cambiar estos resultados. Sólo hay un problema: la política actual de drogas hace que sea extremadamente difícil para él poder realizar investigaciones sobre el posible tratamiento.

Esto se debe a que la sustancia es MDMA, una sustancia controlada de la Lista 1 en la clasificación de peligrosidad, que se clasifica en el Reino Unido y los Estados Unidos como “sin beneficios médicos” y por lo tanto está tan estrictamente regulada que es casi imposible para los investigadores clínicos estudiar.

A pesar de que el Dr. Sessa es un renombrado psiquiatra clínico con 20 años de experiencia y cuenta con el apoyo de una universidad respetada, le tomó seis años para realizar el estudio. La licencia especial requerida para trabajar con sustancias controladas le costó casi $40,000 dólares y le tomó dos años para adquirir las sustancias. El equipo de seguridad de laboratorio requerido y el monitoreo de la aplicación de la ley cuestan otros $50,000 dólares.

Su equipo de trabajo también tuvo que solicitar una variedad de aprobaciones regulatorias, juntas de revisión ética, permisos de farmacia y licencias legales y médicas. Estos obstáculos aumentaron el costo de la investigación del Dr. Sessa. El mes pasado, finalmente anunció el inicio de su estudio, el cual continuará sujeto al escrutinio de los funcionarios que supervisan la implementación de la política de control de drogas.

La experiencia del Dr. Sessa puede sonar como un cuento de regulación irracional e ineficiente, pero su historia es real, y lejos de ser única. Durante 50 años, y en nombre de la guerra contra las drogas, los responsables políticos han priorizado la aplicación de la ley sobre la investigación médica. ¿El resultado? Una guerra contra las drogas que todavía está rabiosa, y lleva medio siglo suprimiendo el conocimiento y la investigación científica.

Aunque esta incursión en el derecho de las personas a disfrutar de los beneficios del progreso científico es uno de los costos menos conocidos de la guerra contra las drogas, sus consecuencias son graves y duraderas. Al etiquetar la MDMA, entre otras sustancias, en la clasificación más restrictiva, los gobiernos han creado una enorme barrera a la investigación científica, privando al mundo de posibles avances en el conocimiento y la salud. La reforma es muy necesaria.

Tomando como ejemplo el cannabis, a pesar de los casi 4.000 años de historia en los que el cannabis se utilizó para fines médicos -a pesar de que actualmente se usa con fines medicinales en 29 estados y en el Distrito de Columbia- en los Estados Unidos hoy en día, el cannabis también es un sustancia controlada de la clasificación más peligrosa según las leyes. Cualquier investigador estadounidense que desee ampliar la comprensión de la sociedad sobre el cannabis se enfrenta así a una desafiante lista de reglamentos.

No tiene por qué ser así. No hace mucho tiempo, el MDMA se utilizó en la psicoterapia para facilitar la comunicación. (Aunque la sustancia se conoce hoy en día como “éxtasis”, los investigadores la llamaron “empatía”). El LSD también se usó una vez para tratar una serie de problemas de salud -desde el alcoholismo hasta los dolores de cabeza – y fue estudiado en más de un mil documentos clínicos en los años cincuenta y sesenta.

Sin embargo, como las Convenciones de las Naciones Unidas sobre el Control de Drogas de 1961, 1971 y 1988 impusieron severas restricciones incluso a la manipulación médica y científica de ciertas sustancias, la investigación sobre su valor médico prácticamente ha desaparecido. En estos momentos, en países de todo el mundo, los investigadores en este campo se enfrentan a las burocracias que están retrasando e interrumpiendo su trabajo.

Para contrarrestar el impacto opresivo de la política de drogas en la ciencia será necesario un compromiso a largo plazo para una reforma seria y afable. Pero hay cosas que las autoridades pueden hacer como medidas provisionales.

Los gobiernos podrían reclasificar sustancias como el éxtasis, el cannabis y el LSD a regulaciones menos restrictivas en la clasificación de ley de sustancias controladas , lo que los pondría en un control reglamentario más viable y abriría las opciones para la investigación científica, sin dejar de cumplir con los convenios mencionados. Los gobiernos y los responsables de la formulación de políticas también podrían eliminar las costosas tarifas de licencias cobradas a los científicos por la investigación de sustancias controladas y podrían simplificar y agilizar las aprobaciones de licencias para la investigación académica de las sustancias controladas.

En última instancia, los encargados de crear las políticas en el ámbito nacional e internacional deben examinar detenidamente la forma en que la guerra contra las drogas está deteniendo las investigaciones en el mundo. Ya hemos dejado pasar más de 50 años de investigación por nuestros dedos; ya basta.

Fuente: OSF

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