La importancia de autocultivar

Por: Madeline Rivera / Alianza de Pacientes PRO Cannabis

Si al Gobierno de Puerto Rico realmente le importan los pacientes que se pueden beneficiar del cannabis medicinal, lo primero que tiene que hacer es legalizar el autocultivo. El derecho al cultivo doméstico del cannabis medicinal surge del derecho mismo a la vida, del derecho a la salud, del derecho a escoger tratamiento médico y del derecho al trato digno que merece el ciudadano por parte del gobierno. Es un derecho humano fundamental, del más alto y sagrado rango, que el gobierno de Puerto Rico debe reconocer inmediatamente y sin más excusas llanas, cómo que supuestamente “Puerto Rico no está” listo para el autocultivo. Más que listo, Puerto Rico está haciéndolo excelentemente a pesar de la falta de cooperación y de la persecución por parte del Gobierno.

La planta de cannabis es una milenaria y su origen se remonta a la pre-historia, pero los primeros registros históricos de uso industrial y medicinal la sitúan a 2,700 años antes de Cristo en la China.

Por mencionar algunas sociedades que usaron el cannabis, nos encontramos con la Hindú quienes además de su uso recreacional, describe el cannabis como una planta mágica y con propiedades curativas, por su parte los Persas le dieron uso religioso, recreacional, médico y como material para hacer fibra, a los Mayas les ayudaba para calmar el dolor reumático y los Vikingos lo usaron para las velas de sus barcos y cuerdas. De igual modo en los papiros Egipcios también constan sus propiedades antibacterianas, antitumorales y antiinflamatorias. No podemos olvidar a los judíos y el aceite de unción de la Biblia en Éxodo 30:23, que habla de los aceites de unción y hay un ingrediente llamado “knei bosem.”, o caña aromática.

De manera medicinal podemos mencionar algunos de sus usos ancestrales como laxante, para curar heridas, para los parásitos en los recién nacidos, para la malaria, el reuma, como tónico para el cabello, y para estimular el sistema nervioso. Más cercano a nosotros, en el siglo XIX fue muy utilizado para aliviar los espasmos musculares y el reumatismo. Hasta la reina Victoria aconsejada por su médico, la usaba en tintura para aliviar los dolores de la menstruación. Las trece colonias que serían los Estados Unidos, obligaban según el acta de 1619, a que los colonos cultivasen. La razón es muy clara: el cáñamo se utiliza para cuerdas, ropas, velas de los barcos…

Para el paciente, el cultivo doméstico también resulta ser una actividad terapéutica, ya que le permite experimentar la satisfacción de ver la planta germinar, de verla crecer, de trasplantarla, de alimentarla, de oler su rico aroma, de encargarse de que reciba suficiente oscuridad o luz, etc.

Como pacientes, el cultivo doméstico nos hace crear una rutina capaz de comenzar a sanarnos, aún antes de cosechar las preciadas flores; es así por lo energizante que resulta contemplar el milagro de la reproducción de la vida, así como por el sentido de empoderamiento que da el sentirse productor y capaz de cuidarse a sí mismo.

La promesa de salud encerrada en su interior, desde las flores hasta las raíces aunque suene melodramático, nos hace llegar a amarlas y eso también es parte del proceso sanador. Sembrar nosotros mismos es un acto de empoderamiento, que nos releva de ansiedad y que nos llena de serenidad al darnos la seguridad de que no nos va a faltar nuestra medicina, ni por falta de dinero en nuestros bolsillos, ni por falta de barcos que atraquen en nuestros puertos. Igual que tenemos que hablar de “seguridad alimentaria”, tenemos que hablar de “seguridad medicinal”.

Como paciente puedo dar fe de cómo la prohibición nos provoca un estrés bárbaro e injusto cuando somos discriminados, marginados y estigmatizados como criminales, cuando vamos a “capear” y sentimos pánico ante la amenaza de ser arrestados en el camino. Cuando se nos está acabando y no tenemos dinero para comprar el próximo suministro porque es muy caro y cuando el suplidor no contesta las llamadas porque ya se le acabaron las flores ya que se acerca Halloween provocando una “seca” de hasta dos semanas. También nos provoca estrés lo poco probable que sepas el nombre de la cepa que te dieron y no tienes seguridad de la calidad de lo que compras porque puede que no haya sido cultivada “orgánicamente” y, no podía faltar, cuando compras tus flores y las pesas en tu balanza y compruebas que te dieron menos de lo que se supone que te dieran y no puedes ir a DACO a reclamar.

El suplidor en el mercado clandestino no es responsable del uso que le da el cliente a su producto, si será recreacional o medicinal; al suplidor lo que le importa es vender la mercancía. Todo este estrés se traduce en nosotros los pacientes en ansiedad, depresión, insomnio, y en miedo a los múltiples dolores y síntomas que nos imponen las condiciones que padecemos, cuando nos privan del acceso al cannabis.

Irónicamente, ahora que el uso medicinal del cannabis será legal en nuestro País, tenemos más razones para sentir estrés porque aparentemente los planes médicos no cubrirán las visitas a los doctores, tampoco cubrirán el costo de nuestro medicamento y, para colmo, el gobierno sigue privándonos del derecho fundamental al cultivo doméstico, para condenarnos así al mercado clandestino o a la explotación del mercado legal, en el cual tenemos que arreglárnoslas sin cubierta médica. Esto sin mencionar que, por lo bajo, ya se comenta que nuestra medicina será más costosa en el mercado legal que en el clandestino, gracias a los costos de producción y otras tarifas impuestas por el gobierno a los que dispensarán y cultivarán el cannabis. Y ni hablar de que en esta coyuntura política en Puerto Rico, nos enfrentamos a un panorama político-económico sumamente incierto, por causa de la Junta de Control Fiscal.

Por otro lado, el hecho de que sembremos, no significa que ya no compraremos. Pudiera ser que nuestra cosecha se eche a perder por múltiples razones, entonces iremos al dispensario. Y no podemos olvidar el hecho de que no todas las personas siembran. Algunos no tienen patio, ni espacio dentro de su casa, ni tiempo, ni paciencia para sembrar, en fin, no a todo el mundo le interesa el asunto de sembrar, entonces ahí es imprescindible tener un dispensario abierto.

Tampoco hay que tener miedo a que el autocultivo impida el éxito de la industria del cannabis medicinal. En Colorado todas las personas pueden sembrar cannabis en sus casas y aun así las ventas son astronómicas. No hay que ir tan lejos, el mismo fenómeno lo podemos observar con cualquier otro fruto o yerba, por ejemplo la china o el cilantro; se pueden sembrar legalmente, pero muy pocos lo hacen.   Si no me creen, pregúntenle a la Goya o a Tropicana, esas compañías les darán fe de que el derecho al autocultivo no elimina la industria de los jugos o los néctares.

Autocultivar es un derecho humano fundamental, es parte del derecho a la dignidad, a la intimidad, a la salud y a la vida. Es un acto de justicia, es la mejor garantía de que no nos va a faltar nuestra medicina, ya que somos nosotros mismos, desde la autosuficiencia, quienes produciremos nuestro medicamento sin depender de las altas y bajas del mercado, y sin depender de los caprichos del gobierno de turno o del mercado clandestino.

La mejor opción para los pacientes es el autocultivo ya que los costos, la accesibilidad y la satisfacción de cultivar tu propia medicina no tiene comparación y fomenta la gestión propia ofreciendo al paciente establecer un vínculo con la planta que resulta en una terapia o un pasatiempo para las personas que la cultivan.

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