La incidencia de VIH: secuelas de la guerra contra las drogas

Para el año 2013, ONU/SIDA estimaba que 35 millones de personas vivían con el VIH en el Mundo. Aunque el número de muertes por VIH se ha reducido en un 35%, en el año 2013, fallecieron 1.5 millones de personas. Desde el comienzo de la epidemia, aproximadamente 78 millones de personas contrajeron la infección por el VIH y 39 millones de personas han fallecido a causa de enfermedades relacionadas con el VIH.

Aunque el número anual de nuevas infecciones ha disminuido desde finales de los noventa, en los países donde se encrudece la guerra contra las drogas ha aumentado considerablemente la transmisión del VIH relacionada con el uso de drogas inyectables. La incidencia del VIH aumentó más del 25% en siete países, cinco de estos países están en Europa Oriental y Asia Central, donde la guerra contra las drogas ha causado estragos y, como consecuencia, el número de personas que viven con el VIH en esta parte del mundo casi se ha triplicado desde el año 2000, según el Informe de ONU/SIDA del año 2010.

Con respecto al consumo de drogas inyectables, informes del 2014 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), estiman que hay 12.7 millones de consumidores de drogas por inyección. Se calcula que una media del 13.1% de esas personas viven con el VIH. El hecho de compartir jeringuillas y otros utensilios expone especialmente a quienes se inyectan drogas al VIH y la hepatitis C. Se estima que más de la mitad de los consumidores de drogas por inyección están infectados por la hepatitis C.

En Puerto Rico la alta incidencia de VIH y hepatitis C es el reflejo de una guerra contra las drogas que ha tenido graves consecuencias para la población, en especial con los problemas de violencia y de salud pública. De acuerdo con el informe publicado por el CDC en el 2013, Puerto Rico es uno de los 10 territorios en los Estados Unidos con el número mayor de casos acumulativos de SIDA, tasa estimada de diagnósticos y prevalencia de infección de VIH. Según informes del Departamento de Salud, alrededor de la mitad de la población con VIH en Puerto Rico se ha contagiado por el uso de jeringuillas infectadas.

Para poder hacer frente al VIH y lograr alcanzar los ambiciosos planes de acabar con la epidemia del Sida como amenaza para la salud pública para el año 2030, resulta necesario cambiar los enfoques y modelos para tratar los asuntos de drogas. Incluso, donde se promuevan servicios de reducción de daños y programas de salud avalados por distintos organismos de las Naciones Unidas. Según la UNODC, de esas intervenciones, las cuatro más eficaces para la prevención, el tratamiento y la atención del VIH son los programas de intercambio de jeringuillas, la terapia de sustitución de opioides (u otro tratamiento de la drogodependencia basado en datos empíricos), las pruebas de VIH, la orientación a ese respecto y la terapia antirretroviral.

Pero para una transformación social de esta índole se tienen que crear modelos donde se deje de criminalizar a los usuarios y se promueva un cese a la guerra contra las drogas. Como presenta el Informe del año 2012 de la “Comisión Global de Políticas de Drogas”, mientras se continúe con la guerra contra las drogas:

  • Los miedos hacer arrestado seguirá provocando que los usuarios permanezcan ocultos y dentro de un ambiente de alto riesgo, lejos los servicios de prevención.
  • Las restricciones en el suministro de jeringuillas estériles tienen como consecuencia mayor incidencia en compartir jeringuillas que pueden estar infectadas.
  • El mal servicio de terapias de sustitución de opiáceos, y otros tratamientos basados en la evidencia científica, dan lugar a adicciones sin tratamiento y comportamientos de alto riesgo.
  • Las condiciones y la falta de medidas de prevención en las prisiones conducen a brotes de VIH entre los usuarios de drogas inyectables en prisión.
  • Las interrupciones de la terapia antirretroviral provoca un aumento de la carga viral del VIH, con la posterior transmisión y el aumento de la resistencia a los antirretrovirales.
  • Los limitados fondos públicos se desperdician en la represión, en lugar de ser invertidos en estrategias de prevención del VIH.

Por supuesto que, un compromiso del estado con ese cambio social tiene que fundamental los servicios y programas de tratamientos de VIH en los principios de derechos humanos, de igual forma debe hacerlo para tratar los asuntos de drogas. Una responsabilidad ineludible que en repetidas ocasiones se lo olvida a nuestros gobiernos.

Nota: “Puerto Rico una de las tasas más altas de VIH en los EEUU

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