Necesitamos una rehabilitación con perspectiva de género

“La prisión es el único lugar en que el poder puede manifestarse de forma desnuda, en sus dimensiones más excesivas, y justificarse como poder moral.” Michel Foucault

En las discusiones de perspectiva de género no olvidemos a las confinadas del país. Un sector que en repetidas ocasiones les violan sus derechos por falta de una perspectiva de género en las políticas de rehabilitación. El Departamento de Corrección, además de tener que cumplir con su responsabilidad de brindar “tratamiento adecuado” y de que la rehabilitación sea la meta final, necesita adoptar medidas con enfoques de género para asegurar que las mujeres confinadas cuenten con la ayuda necesaria para su rehabilitación y los servicios de salud que requieran.

Incluso, como es establecido por la Organización de las Naciones Unidas cuando creó las “Reglas de Bangkok”. Donde se reconoce de que muchos de los enfoques penitenciarios existentes fueron concebidos principalmente para reclusos y se considera de que las reclusas son un grupo vulnerable que tienen necesidades y requisitos específicos que tienen que ser reconocidos para un tratamiento justo.

En Puerto Rico, existe la necesidad de prestar mayor atención a la condición de las mujeres recluidas en prisión, incluidos sus hijos e hijas, con el fin de identificar los problemas fundamentales y los modos de ocuparse de ellos. Pero para poder cumplir con los mandatos constitucionales y de derechos humanos, se requiere la evaluación de medidas sustitutivas al encarcelamiento, dándoles prioridad a medidas no privativas de la libertad.

El entorno en las cárceles de mujeres en ocasiones resulta más trágico que el de los hombres. Cuando por ser mujeres carga con una estigma que le asigna la sociedad, donde la falta de tratamientos y el aumento de la población penal femenina ha limitado los recursos necesarios que se le asigna al sistema carcelario para su rehabilitación. Esta alza en la población esta ligada al narcomenudeo y al uso de ‘sustancias ilícitas’. Donde en ocasiones lleva la peor parte por ser simplemente testigo, callar por otros parientes o llevar a cabo una actividad de sobrevivencia que ayude a mantener a su familia, mayormente en estado de pobreza.

Gran parte de las cárceles de mujeres en la isla están a su capacidad máxima. El Hogar Intermedio para Mujeres, un programa de servicios biopsicosociales para mujeres confinadas, entre ellas, embarazadas o con hijos menores de tres años tiene disponibles 38 espacios para las residentes, de los cuales 33 están ocupados actualmente. Por su parte, la Escuela Industrial para Mujeres de Vega Alta cerró el año pasado, y las confinadas fueron trasladadas hacia el Complejo de Rehabilitación para Mujeres de Bayamón, que actualmente alberga 232 confinadas y ha sido remodelado con una inversión de $571 mil. Además, se remodeló el Centro de Ingreso de Mujeres en Salinas de forma tal que ahora cuenta con todos requisitos de una institución correccional. Sin embargo, ante la necesidad de una institución penitenciara para trasladar a las sumariadas que esperan hasta que se complete su juicio, el Centro de Ingreso de Mujeres en Salinas será una alternativa.

Informes gubernamentales reconocen la falta de acceso a las mismas oportunidades educativas que tienen los hombres en el sistema carcelario, lo que les limita sus oportunidades de empleo luego de que estas salgan a la “libre comunidad”. Asimismo, las confinadas en repetidas ocasiones se han quejado de la falta de libros en las bibliotecas y de maestros que ofrezcan cursos primarios que les permita obtener su cuarto año. Esto, a su vez, les impide matricularse en los talleres que ofrece la institución.

Otro problema que plantean es la calidad y cuán adecuados son los servicios de salud que reciben. La mujer por su propia particularidad necesita de unos servicios especiales de salud y en especial aquellas ingresadas en estado de embarazo. Asimismo, el Departamento de Corrección y Rehabilitación carece de acuerdos con el Departamento de Salud y con ASSMCA que pueda brindar servicios de tratamiento con buprenorfina en las instituciones de las confinadas.

Por otra parte, visitas e informes legislativos han señalado la falta de una infraestructura y mantenimiento adecuado en las Cárceles de Mujeres. Donde los dormitorios no contaban con colchones adecuados y con lavamanos e inodoros en desusos.

En la actualidad los talleres de trabajo, no tan sólo son limitadísimos, parecen que están destinados a llevar las tareas que le asigna la sociedad a la “mujer”. Los talleres están dirigidos a cocina, panadería, salón de belleza, mantenimiento interior, lavandería y artesanías, actividades pocos rentables que no necesariamente le ayude a subsistir cuando salgan de la institución penal.

Resulta necesario que el presupuesto del Departamento, además de asignarle mejores recursos de infraestructura, incluya que los programas de rehabilitación deben tener un enfoque de género, en el cual se asignen fondos para programas y servicios adecuados a sus necesidades. En especial, para víctimas de violencia de género, víctimas de agresión, entre otros programas y servicios que garantice un tratamiento adecuado y un mejor futuro en la sociedad.

La exclusión social y la violencia característica del encierro se sobreponen a la violación a los derechos esenciales de las confinadas por su condición de mujeres, desde el arresto hasta el encarcelamiento y su vida en prisión. Pero de seguro, si se incluyera la discusión de perspectiva de género en las distintas esferas políticas podríamos cerrar esa brecha de desigualdad de derechos, de desinformación y violencia de la que tiene llena nuestras cárceles.

Lee: Mujeres, políticas de drogas y encarcelamiento

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