No son meros números

Por: Ángel E. Portilla Skerrett
Un 23 de junio de 1971,
el aquel entonces el gobernador de Puerto Rico, Luis A. Ferré convirtió en ley nuestra legislación de sustancias controladas, que no es sino una traducción directa de la Ley de Sustancias Controladas Federal (CSA por sus siglas en inglés) sin tener la más mínima idea de los efectos que tendría dicha legislación en la isla. Era una legislación que a todas luces tenía las mejores intenciones, pero como dijo una vez San Bernardo “el infierno está lleno de buenas intenciones y deseos”.

Ahora casi 45 años después le damos una mirada a los fríos y desapasionados números; números que lejos de darnos un aliento de que vamos por buen camino deberían ser lo suficiente para que nos demos cuenta de una vez y por todas que la política implementada fracasó.

 La Ley de Sustancias Controladas, tanto de Puerto Rico como la federal marcaron el inicio de una de las más sangrientas batallas que ha conocido la humanidad. Lejos de ser una medida protectora de la población que velase por la salud y bienestar de la misma ha tenido quizás el efecto no deseado de repartir miseria y violencia a mansalva. Y es que aun en el 2015 no podemos decir que le hemos ganado la guerra a las drogas o tener resultados positivos producto de la implementación de esta política prohibicionista. Lo que los números si demuestran es que hubo un incremento sustancial y sostenido en los asesinatos en el país desde la aprobación de la antes mencionada ley.

Según estadísticas de la Policía de Puerto Rico de una tendencia de entre 150-200 asesinatos anuales según reportados desde 1950-1970, luego de los primeros 4 años de la aprobación de la Ley de Sustancias la cifra de asesinatos en Puerto Rico se crecieron a más de 500 asesinatos y sólo ha continuado aumentando desde entonces. En un cuatrienio casi se triplicaron la cifra de asesinatos, cantidades nunca antes vistas en nuestra isla que no son cónsonas ni con el aumento poblacional ni cualquier otro factor que pudiese explicar este repentino y constante incremento de la violencia en el país.Tendencia Asesinatos Puerto Rico

Como se puede apreciar de la gráfica, se ven varios incrementos súbitos adicionales en la tendencia de asesinatos en la isla. Resaltan particularmente los años 1993 y 1994, tiempo en que se estableció en Puerto Rico la política de “Mano dura contra el crimen” donde se activaron efectivos de la guardia nacional para tratar de frenar la ola de violencia y narcotráfico que arropaba el país. “Nos han pedido guerra y guerra tendrán. Que lo sepa el criminal: ¡nuestra paciencia se acabó!”[1], y guerra le dieron, con resultados sangrientos, pues fueron de los años más violentos de nuestra historia como país.

Números similares se vieron entre el 2010-2012, cuando bajo la administración del gobernador Luis Fortuño se implementa el programa de “Golpe al Punto” para tratar de resolver el mismo problema que llevamos tratando de resolver sin éxito desde 1971. El resultado de “Golpe al punto” fueron números aún peores que la fracasada “Mano dura contra el crimen” bajo la administración de Pedro Rosselló, lo que nos debe llevar a la inevitable conclusión de que no podemos combatir la violencia con más violencia.

Lo triste de todo esto es que, aunque lo parezca esto no son sólo números. Aunque como sociedad hemos poco a poco asimilado la violencia en nuestras calles, no son sólo números. Cada muerte es un hermano, un padre, un hijo, un primo o algún otro familiar, pero en fin todos puertorriqueños. Albert Einstein dijo una vez que “no podemos esperar que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. Llevamos casi cinco décadas haciendo lo mismo. ¿Cuántas vidas más hacen falta para que reconsideremos nuestra política contra las drogas?

[1] Diario de Sesiones de la Asamblea Legislativa febrero 1993

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  • Miguel A. Vega Vega

    Ante tan robusta evidencia, no puedo entender la negativa de legisladores, que anteponen sus creencias religiosas, por encima del bienestar del país. Por cada vida que se pierda, por cada persona herida en tiroteos producto del control de los puntos , por cada robo que ocurra por satisfacer la necesidad de una dosis de sustacia, por cada infectado de enfermedades producto de la adicción y por otras situaciones relacionadas, se le debe agradecer a los legisladores que se niegan en aprobar legislación para la despenalización de las drogas.