Organizaciones anti guerra contra las drogas crean ‘Carta de Manguinhos’

La semana pasada se celebró el Seminario Internacional “Escenarios de la Reducción de Daños en América Latina” en Brasil, y distintas organizaciones –incluyendo Intercambios Puerto Rico— crearon la “Carta Manguinhos” con la intención de denunciar la situación de violencia que se vive con las políticas punitivas contra las drogas.

CARTA DE MANGUINHOS / 30 de mayo de 2017

Nosotros, participantes del Seminario Internacional: Escenarios de la Reducción de Daños en América Latina, reunidos en Rio de Janeiro los días 29 y 30 de mayo de 2017, afirmamos que en tiempos de radicalización de la violación de derechos y amenaza a la democracia, es preciso defender la radicalidad de la potencia del cuidado. Por tanto presentamos esta Carta de Manguinhos[1], territorio constantemente alcanzado por la nefasta y violenta política de guerra a las drogas que criminaliza y autoriza acciones bélicas, en este como en tantos otros territorios periféricos de toda América Latina.

El mundo vive un momento de avance de las fuerzas conservadoras, que en América Latina se expresa a través de la fragilización de los procesos democráticos; la profundización de las desigualdades socioeconómicas; el aumento de la fragmentación y segregación social. Tales dinámicas, en su conjunto, ponen en riesgo derechos fundamentales. Ejemplo emblemático fue la reciente intervención en el barrio de la Luz, en la ciudad de San Pablo. Durante cuatro años se sustentó un proyecto intersectorial inspirado en los principios de la Reducción de Daños, que apuntaba a articular acciones de garantía de derechos a vivienda, trabajo/renta y cuidado en la región conocida como “cracolândia”. En mayo de 2017 se realizó una operación policial con la intención de una “limpieza social”, con utilización del pánico moral para atender intereses de especulación inmobiliaria. La violencia y las arbitrariedades contra personas en situación de extrema pobreza y vulnerabilidad social, rotuladas como “adictos al crack”, siguieron por días. Así, una política pública de cuidado, promoción de la salud y de derechos fue sustituida por la represión y violación de derechos.

Arbitrariedades como estas no son exclusivas de Brasil, y casos similares se encuentran en muchos lugares de América Latina, donde la droga funciona como pretexto para la intervención territorial. Ocurren también otras situaciones de violencia estructural, como dificultad de acceso a políticas públicas, asesinatos, encarcelamientos, exposición a enfermedades infectocontagiosas, falta de acceso a medicamentos y a políticas que garantizan la ciudadanía.

Las políticas de Reducción de Daños, en sus esfuerzos por la promoción de la salud, ciudadanía, derecho a la ciudad, justicia social y derechos humanos de las personas que usan drogas, también sufren los efectos de la coyuntura conservadora. El actual modelo de política de drogas opera selectivamente, criminalizando, encarcelando y estigmatizando sobre todo a las poblaciones más pobres, habitantes de regiones periféricas, y de modo diferenciado a personas en situación de calle, negras, indígenas, mujeres y jóvenes.

Las experiencias exitosas de cuidado son opuestas a la violencia intervencionista defendida por las políticas conservadoras. Las evidencias y la acumulación política de la Reducción de Daños rechazan propuestas que no reconozcan la diversidad de la experiencia humana, y que se sirvan apenas de la racionalidad biomédica y de la criminalización de conductas consideradas desviadas. La Reducción de Daños que realizamos en nuestras prácticas cotidianas, en todo el continente, se presenta como alternativa concreta al fracaso de concepciones e intervenciones dicotómicas y simplistas. No obstante, es preciso avanzar aún más en dirección de una Reducción de Daños interseccional, capaz de articular la defensa de la reforma de las políticas de drogas con las luchas de las mujeres, de la población negra, de los pueblos indígenas, LGBTI’s y de las múltiples juventudes.

Ante esto, proponemos una formulación de una Reducción de Daños inserta en un proyecto despenalizador y emancipador, en el que experiencias subjetivas y corporales no sean objeto de acciones represivas y disciplinadoras. La Reducción de Daños, en el actual contexto, es herramienta potente de cuestionamiento de los modelos de control, implicando la afirmación y respeto por la libertad y autonomía de las personas que usan drogas.

Consideramos urgente compartir nuestras experiencias y resistencias, promoviendo intercambios que consoliden nuestra articulación Latinoamericana en defensa de políticas públicas de Reducción de Daños conectadas a la reforma de la política de drogas.

Suscriben esta carta:

  • Programa Institucional Álcool, Crack e outras Drogas da Fundação Oswaldo Cruz – PACD/Fiocruz (Brasil)
  • Intercambios Asociación Civil (Argentina)
  • Asociación Costarricense para el Estudio e Intervención en Drogas- ACEID
  • Acción Técnica Social – ATS (Colombia)
  • Associação Brasileira de Redutoras e Redutores de Danos – ABORDA (Brasil)
  • Iniciativa Negra por uma Nova Política de Drogas – INPPD (Brasil)
  • Coletivo Intercambiantes (Brasil)
  • Enfoque Territorial (Paraguay)
  • Intercambios (Puerto Rico)
  • Programa Andrés Rosario (Argentina)
  • Associação Redes de Desenvolvimento da Maré (Brasil)

[1] Manguinhos, barrio en el que se sitúa la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), comenzó a formarse a inicios del siglo XX, a partir de la remoción de favelas y conventillos del centro de la ciudad, parte del proceso de higienización y modernización de la ciudad de Rio de Janeiro. Hoy, Manguinhos reúne más de 30 mil habitantes, y es uno más entre tantos territorios populares victimizados por las múltiples formas de violencia engendradas en el contexto de la política de guerra a las drogas, en toda América Latina.

Presentación: “Reducción de Daños y Riesgos en Puerto Rico: Del Servicio Directo al Cambio de Política Pública” Rafi Torruella

Related posts: