Organizaciones reclaman salas de consumo seguro en New York

El uso de opiáceos se ha multiplicado entre los estadounidenses, a niveles epidémicos donde las muertes por sobredosis están superando las muertes por “accidentes de tránsito” como la principal causa de muertes por accidente en los Estados Unidos. En los últimos cuatro años, la tasa de muertes por sobredosis de opiáceos se ha duplicado en la ciudad de Nueva York y con mayor frecuencia la causa de las muertes con heroína son por el uso de opiáceos recetados.

A diferencia de la típica estigma, el problema no es exclusivo de latinos y afroamericanos, “la tasa de muertes por sobredosis de heroína son mayores entre los blancos neoyorquinos”, señaló la Dra. Julie Holland.

Los opiáceos recetados en ocasiones terminan siendo la “droga de entrada” a la heroína; cuando las píldoras se vuelven más difíciles de obtener, muchos optan por una alternativa más barata y son más propensos a comenzar a inyectarse, colocando al individuo y a nuestras comunidades en riesgo de contraer hepatitis o VIH. Estos y otros problemas pueden ser controlados con intervenciones de reducción de daños y la creación de “salas de consumo seguro”, una estrategia efectiva utilizada hace más de tres décadas en 68 ciudades de todo el mundo.

Estos lugares, conocidos en inglés como “Supervised Injection Facilities”, les permite a los usuarios de drogas intravenosas consumir sus “medicamentos” previamente obtenidos bajo supervisión. Las salas de consumo son lugares limpios y seguros para los usuarios que comúnmente se inyectan en lugares públicos e inseguros. Lo que significa un menor número de jeringuillas en nuestros parques, aceras, baños públicos y casas abandonadas.

Las salas de consumo seguro salvan vidas, reducen las muertes por sobredosis, las tasas de transmisión del VIH, hepatitis C, y otras infecciones pueden controlarse. “Lo más importante es tener un sitio comunal, no estigmatizado, que nos permita construir un puente para ayudar a aquellos que luchan con sus circunstancias. Es un punto crucial de contacto para una población necesitada,” opinó Holland.

Desde finales del año pasado, se lanzó una campaña en la Ciudad de Nueva York con el objetivo de abrir salas de consumo seguro para hacerle frente a la crisis de salud pública entre los usuarios de drogas inyectables y reformar las políticas prohibicionistas de la ciudad.

“Si no elaboramos un plan, vamos a seguir perdiendo muchas vidas”, según las declaraciones de un defensor de la reducción de daños en Everywhere But Safe: Public Injecting in New York, un documental producido como parte de la campaña SIFNYC.

SIFNYC es una coalición compuesta de más de una decena de organizaciones que trabajan por cambios en las políticas de drogas, entre ellas se encuentran Housing Works, Harm Reduction Coalition, Drug Policy Alliance, Vocal-NY y Washington Heights Corner Project, entre otros.

Las salas de consumo seguro abrieron en 1986 en Suiza y gracias a los resultados exitosos, alrededor de cien están operando en 68 ciudades alrededor del mundo, incluyendo Copenhague, Barcelona, Sydney y Vancouver. Además, pronto podrían ser implementadas en ciudades de Francia e Irlanda.

En una investigación realizada por Urban Health Initiative en las salas de consumo seguro de Vancouver, se encontró que en los dos años después de la apertura en el año 2003, las muertes por sobredosis en un radio de 500 metros de distancia cayeron un 35% en comparación al 9% en la ciudad. Se estima que La sala de consumo llamada Insite en Vancouver evita aproximadamente 35 casos de VIH por año y aumenta la utilización de los servicios de desintoxicación de drogas en un 30 por ciento. Lo más importante, ni una sola persona ha muerto en Insite de una sobredosis gracias a la supervisión médica que ofrecen.

Las salas de consumo son particularmente necesarios en ciudades como Nueva York, donde se estima que el sistema municipal de refugios de la ciudad alberga a más de 58,000 personas cada noche, un aumento del 78% en los últimos diez años.

Una encuesta realizada por la iniciativa Injection Drug User Health Alliance destacó el efecto que tiene la falta de hogar en las personas  acusadas de inyectarse en público, descubriendo que las personas que estaban sin hogar eran nueve veces más propensas a ser acusadas de inyectarse en público en comparación con los que tenían un hogar estable. También se encontró que las personas que se inyectaban en público eran dos veces más propensas a sufrir sobredosis en comparación con usuarios que suelen inyectarse en privado, y cuatro veces más propensos de volver a utilizar la misma jeringuilla, aumentando el riesgo de contraer un virus de transmisión sanguínea e infecciones en sus venas o piel.

Las medidas de reducción de daños, como los intercambios de jeringuillas y las salas de consumo seguro, son  esenciales para hacerle frente a la llamada “epidemia de la heroína” que afecta a EEUU. Esta crisis de salud pública ha visto un incremento del número de sobredosis relacionadas con la heroína en casi cuatro veces entre los años 2002 y 2013, más de 8,200 muertes en todo el país, y ha visto brotes de VIH relacionados con el consumo de drogas inyectables en estados como Indiana.

A pesar de esta crisis de salud pública, las campañas como SIFNYC tienen una difícil tarea en tratar de cambiar las leyes prohibicionistas de la Ciudad de New York. Sin embargo, con el incremento de las salas de consumo seguro en todo el mundo y la abrumadora evidencia de su eficacia, combinado con la crisis de salud pública que enfrentan algunas ciudades de los Estados Unidos, los políticos no pueden seguir ignorando las estrategias exitosas que han tenido otras ciudades.

Everywhere But Safe: Public Injecting in New York from Sawbuck Productions, Inc. on Vimeo.

Fuente: TalkingDrugs, DailyNews

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