Una guerra perdida

Por: Karla Y. Rosario Pérez

¿Qué es el modelo prohibicionista? ¿En qué consiste y cuáles han sido sus resultados? Son algunas de las interrogantes que deberíamos aclarar y repensar para saber si en efecto esta medida punitiva y esta lucha contra las drogas ha sido efectiva. ¿Qué sería lo mejor para el país y el mundo? Si la represión y criminalización o el que se establezcan medidas salubristas que le aseguren a las personas cuidado, apoyo y una sociedad mucho más sana. Para ello es necesario que analicemos las políticas públicas que criminalizan las drogas como a todos aquellos que las consumen o las poseen. Las drogas siempre han existido y siempre existirán, incluso la producción y el consumo de las mismas está aumentado en todo el mundo.

El modelo prohibicionista ha enfocado todos sus esfuerzos y todas sus herramientas para criminalizar y para encarcelar a todas las personas por el uso o posesión de las drogas. “Se le atribuye maldad a la droga y a quienes la utilizan y se concibe la conducta como un “vicio” al que no se le concede valor instrumental alguno” (Albizu, Santiago, 2001). Este ha sido el discurso que durante años ha prevalecido y que con este estigma es que se educa a los niños desde muy temprana edad. Para ellos se les brindan charlas en contra de las drogas y con frecuencia son los policías los encargados de brindar dicha educación para inculcar el miedo y el terror en los niños. Por tal razón, se sigue reproduciendo esta criminalización y este discrimen hacia las personas que tienen un uso problemático de drogas. Le ponemos sellos a estas personas y las excluimos de la población, cuando lo que realmente necesitan es apoyo y, si acaso, que se les brinden tratamientos para dicha enfermedad.

El uso problemático de sustancias es una enfermedad crónica como lo es la diabetes o la hipertensión por tanto, es necesario recibir ayuda y tratamientos para la misma. El modelo prohibicionista ha utilizado este modelo para establecer un orden moral y para proteger la supuesta seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, evidentemente este modelo ha fracasado ya que los asesinatos, las muertes, las personas en prisión y las personas contagiadas con el virus de VIH/ sida, hepatitis B y C han aumentado. Todo esto debido a las medidas criminalizantes y represivas que han utilizado. En Puerto Rico se imposibilita que se proporcionen jeringuillas limpias y ha aumentado el que más personas se contagien con enfermedades venéreas por el uso de jeringuillas contaminadas. Para colmo, las personas con uso problemático de drogas son vistas como personas con debilidad moral o con falta de voluntad. Sin embargo, no se puede generalizar y estigmatizar a las personas sin saber cuáles son los motivos y las situaciones que los llevaron a eso. Hay determinados problemas sociales como lo es la pobreza, el desempleo, las desigualdades sociales, entre otras situaciones, que pueden llevar a las personas al narcotráfico y a la drogodependencia como escapatoria. Nos encontramos frente a una sociedad atemorizada, que vive con miedo, con represiones y que no goza de medidas que promuevan la salud y el bienestar de las personas.

El modelo salubrista “busca optimizar el estado de la salud física, mental y social de todos y todas los que conviven en una sociedad, enfocando en el estado del colectivo y que no limita sus esfuerzos a controlar enfermedades infecciosas sino que busca entender los determinantes de la salud, tanto de los individuos como de los grupos poblacionales desde una perspectiva ecológica” (Negròn,2009). Este modelo busca que a las personas no se les haga más daño del que las drogas mismas le hacen, sino que busca brindarles los apoyos y tratamientos necesarios para dicha enfermedad. Bajo este modelo no se ven las personas como inmorales, y se entiende que las personas que no hayan cometido ningún crimen violento deba ir a la cárcel sólo por poseer o consumir drogas. Vivimos en uno de los países país con mayor población de encarcelada y en su mayoría estos han sido encarcelados por el uso problemático de las drogas o la posesión. Teniendo esto como resultado un valor económico alto para la economía del país.

Ven los sistemas de salud como un lucro y no como un derecho del cual todos somos participe. Además, no se puede generalizar y estigmatizar a las personas sin saber cuáles son los motivos y las situaciones que los llevaron a eso. Hay determinados problemas sociales como lo es la pobreza, el desempleo, las desigualdades etc. que llevan a las personas al narcotráfico y a la drogodependencia como escapatoria.

Finalmente, el prohibicionismo ha fracasado y no ha logrado reducir el consumo de drogas de los ciudadanos. Vemos como cada día los problemas sociales y la salud de las personas se deteriora. La guerra contra las drogas ha fracasado, es hora de cambiar las políticas públicas a favor de la salud y del bienestar de las personas. Que no vaya a la cárcel ni una persona más por el uso problemático de sustancias o por el simple hecho de poseerlas. Es momento de educar, re-evaluar y cambiar nuestras ideologías demonizantes acerca de las drogas que nos hacen estigmatizar y criminalizar a todas y cada una de las personas que padecen de esta enfermedad crónica. La producción de drogas en todo el mundo está aumentando así como su consumo. De esta menara podemos ver como todas y cada una de las medidas prohibicionistas han sido derrotadas y lo seguirán siendo en la medida en que se siga criminalizando sin datos, sin fundamentos, sin razones justas y sin evidencias. No hay ningún argumento fuerte para su prohibición. Hay que garantizarle a los ciudadanos el respeto por los derechos humanos, a tener una vida digna y saludable, eliminar los estigmas y contribuir para que se brinden los mejores tratamientos, educación y servicios. Para ello se deben crear programas que su efectividad haya sido comprobada y dejar de financiar programas ineficientes.

Bibliografías

  • Albizu, C. Santiago, S. (2001). ¿Guerra contra las drogas o guerra contra la salud? Los retos para la salud pública de la política de drogas de Puerto Rico. Puerto Rico Health Sciences Journal. 22(1): 49-61.
  • Negrón, G. (2009). Los trastornos psíquicos de las sustancias tóxicas y la práctica del Trabajo Social, Basada en evidencias. Asamblea Anual NASW-PR, Universidad Interamericana de Cupey. pp.77-90.

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